Con algo de impaciencia, la observaba desde el pasillo mientras abría y cerraba placares inspeccionando el condo que ella esperaba habitar hasta completar su doctorado.El lugar estaba impecable, o así me parecía a mí.La ví agacharse y levantar unos papeles que desde mi distancia pude percibir eran dibujos, o pinturas; y después de barrerlos con la mirada los arrojo al tacho de basura que llevaba a la rastra. En el último placard se detuvo un momento, y alargando el brazo descolgó una solitaria percha que también había sido dejada atrás.
No era una percha común. Estaba forrada con un tejido rosa, y abrazada por una cinta que la recorría cruzándose a si misma para terminar en un pequeño moño blanco en el centro. Con lentitud, como si estuviera meditándolo, volvió a colocar la percha donde la había encontrado.
De regreso, le pregunté porque no había tirado la percha a la basura junto con las otras cosas. “Se es lo que se deja atrás” me dijo “y me apenó tirarla pensado a que delicada criatura pudo pertenecer.”
“Se es lo que se deja atrás.”
No le pregunté porque tiró a la basura esas cartulinas que en un primer momento pensé serian la obra de algún artista todavía no reconocido, pero la conozco bastante como para estar seguro de la sensatez de sus acciones. Sin ver supe que debía ser algo que no merecía ser conservado, ni recordado.Continuamos el viaje en silencio hasta llegar a casa, pero no pude evitar pensar en cuan cierto es que uno es lo que deja atrás.
Las cosas y las palabras que vamos dejando atrás son huellas de nuestra singular entidad como personas. Ellas quedan siempre por donde pasamos; son los testigos de nuestros pensamientos y acciones que revelan de donde venimos y a adonde vamos; y muestran con implacable objetividad lo que somos por dentro, y a menudo también lo que somos por fuera.
No importa donde se encuentre un individuo humano, la observación de mi acompañante se cumple con infalibilidad axiomática: “Se es lo que se deja atrás”, como creo haberlo confirmado en mis pasos por foros como éste, leyendo las cosas que las gente piensa revelada en lo que ellos escriben.
En casi todo foro de entrada libre--mas que en cualquier otra parte--se concentran los extremos de los sentimientos humanos y los humanos sin sentimiento, protegidos todos por el anonimato democrático de la tecnología. Es parte del precio de nuestro progreso.Allí se pueden atravesar las huellas de algunos con extraordinaria alegría de vivir con las huellas de otros consumidos por el odio y la frustración; las del romántico con las del vanidoso y sin propósito; y las de la lógica rigurosa con las del delirio flirteando con la locura.
Estoy completamente convencido que unos dejan atrás aportes que algunos, sino todos, querrán conservar; los otros tambien dejaran sus huellas mostrando, inexorablemente, la pobreza de su condición humana antes de ser descartados a la basura, como esas perversas imágenes abandonadas en un placard.
“Argentina, ¿el peor país del mundo?” escribió en un foro un tal Félix, “uno del montón” como tan apropiadamente él se llama a si mismo. Aunque claramente Félix tuvo menos interés en la imagen de su país que en promover su blog, los comentarios que siguieron fueron tan superficiales e insustanciales como su nota. Porque con un no muy bien disimulado aire de “imparcialidad periodística”, el auto-declarado periodista se despacha de entrada implícitamente categorizando a Haiti como “peor” y a Suecia como “mejor”…
No, no… no es que el hombre se haya equivocado, en la escala de calidad de vida, es indiscutible que Haiti esta muy por debajo de Suecia; lo curioso es que Félix, en su tuerta superficialidad intenta responsabilizar al periodismo de fabricar—o exagerar—la realidad de las miserias sociales Argentinas.
Hubo una excepción. En la superficie de ese mundo cebolla que habita Félix también respira y opina Cristian Delgado, quien sin ser periodista—o tal vez por eso mismo—no cree que "Argentina es un país de mierda"; en su disléxico discurso él declara estar convencido que “argentina es el mejor país del planeta, es la envida (sic) del mundo, lo que no esta funcionando es la gente, que esta haciendo todo para el orto".
En su superficialidad, Cristian Delgado parece ser más preciso que Félix, en que Argentina es un “país”[1] ocupado por una “nación”[2] de “gente, que esta haciendo todo para el orto". Por cierto, ¿Qué otra cosa que una persona puede corromper a otra?
La geografía tiene poco que ver con la calidad de las naciones que lo habitan, por lo superficial es difícil determinar que pueblo es mejor que otro. Mas frecuentemente, son los ocupantes quienes otorgan calidad a la geografía que ocupan.
Esto es Haiti…
Y esto es Suecia… Hay ecos del HombreGris mirando hacia adentro de las oscuras y malolientes entrañas sociales argentinas entre las lamentaciones y acusaciones de una nación de miopes desde Félix el periodista hasta Cristian Delgado el opinador. El foro donde depositan sus opiniones es solo una sombra mas entre otras que reflejan a más de la mitad de un pueblo corrompido hasta su medula y encadenado a su desidia.
Ese foro como tantos otros, rejunta lo que antaño se reunía en algunas esquinas oscuras o en cafetines lleno de humo y olor a orina. La Internet ha igualado a la bestia ignorante con el filósofo de letrina, el científico fracasado y el aspirante a presidente; y le ha dado al cobarde un instrumento para descargar la amargura de sus fracasos sobre quienes envidia; así se igualan jóvenes y viejos, unidos todos por la misma fibra de sus vidas miserables. Es la Argentina. No hacen falta malos periodistas ni mal periodismo para destapar su negrura, ellos son también una parte de lo mismo.
Estoy en acuerdo con Cristian Delgado, pero solamente por casualidad y en lo aparente, porque Delgado no quiso decir lo parece que dijo, y hasta me atrevería a decir que ni él sabe lo que quiere decir—o el significado de lo que escribió. En otras palabras, creo que el país Argentina como territorio geográfico es comparable a otras bellas y fructíferas regiones del planeta, pero también creo que—con notables excepciones individuales—como nación es una miserable masa informe de egotistas mordiéndose unos a otros, consumidos en sus propios delirios de grandeza. En la pausa, pienso en mi buena fortuna de estar tan tranquilo aquí, y tan distante de allá. _____________ [1]“pais” en el sentido de territorio que forma una unidad geográfica.
[2]“nación” en el sentido de entidad jurídica y política formada por el conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno que generalmente hablan un mismo idioma, tienen una tradición común y ocupan un mismo territorio.
Mañana Viernes, Abril 11, el Newseum reabre su ventana al mundo del periodismo desde Pennsylvania Avenue (Washington, DC), frente de la Galería Nacional de Arte y a unas pocas cuadras del Capitolio.
En su fachada, una gigantesca placa de mármol recuerda a los visitantes las palabras de la Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos: “El Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión o prohibiendo la libertad de culto; o que coarte la libertad de expresión o de la prensa, o el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente, y para solicitar al gobierno la reparación de agravios.”
En su interior, el nuevo museo declara desde todos sus rincones y sin ambigüedades, la misión para el que fuera creado: ayudar al público y los medios de noticias a comprenderse mejor el uno con el otro, y a la vez reafirmar que la noticia es imprescindible para el funcionamiento de la democracia.
Yo conocí el Newseum en su inauguración original, mucho mas pequeño, asentado al otro lado del Potomac River, en Arlington.Conservo de entonces el video donde me veo experimentando como “anchorman” televisivo conduciendo las noticias de la noche…
El Newseum abre en tiempos difíciles para el periodismo, cuando los organismos de noticias tradicionales enfrentan en todas partes del mundo sus peores escándalos, con su supervivencia en riesgo, despidos masivos, recortes en los presupuestos publicitarios y un modelo empresario de periodismo dramáticamente alterado por nuevos medios alternativos como la Internet.
Hay mucho para ver en los siete niveles y 14 galerías del nuevo Newseum, una de las cuales recorre miles de años de historia en la búsqueda de noticias, de plagios, y de fraudes.Tiene también 15 salas de teatro, dos estudios de televisión, y una sala maestra de control que puede ser explorada y experimentada por los visitantes.
La Historia de la Noticia. Esta galería muestra la historia de la noticia, de las muchas voces luchando para ser escuchadas, y de la gente y los instrumentos que la difunden.
En otra sala se exhiben miles de periódicos para examinar, cientos de primeras páginas y horas de emisiones noticiosas para observar; y miles de fotos ganadoras del Pulitzer Prize.
Los afortunados visitantes podrán además, ver un mural comparando la libertad de prensa alrededor del mundo; secciones del muro de Berlín, y los restos retorcidos de la antena de transmisión por radio del World Trade Center. Y como personalmente yo lo experimentara hace 10 años atrás, desde cualquiera de sus 48 cabinas interactivas computarizadas uno podrá meterse de lleno en una experiencia periodística como reportero o fotógrafo.
Bajo los Ojos del Mundo. ¡Noticia de último momento! ¿...puedes tú preparar a tiempo un reporte completo y preciso? La Sala de Redacción Interactiva ofrece a los visitantes la oportunidad de ensayar el rol de periodista reportero o fotógrafo/camarógrafo con todas las herramientas y métodos necesarios.
La juventud moderna—tanto como recientemente graduados periodistas que hoy obtienen todas sus noticias mediante Internet, se beneficiarán recorriendo la rica historia de la comunicación, y comprender que la comunicación es universal, aunque los métodos de intercambio y difusión continúen cambiando con los tiempos y nuevos avances tecnológicos.
Esta debería ser una parada obligada para turistas y estudiantes.
“Caravana de la Bondad 2008” decía el titulo de la noticia presentando un artículo de María Elena Baca. (StarTribune.com, Minneapolis, St. Paul, MN) “Los alumnos de Blaine High School”—continua la nota—“usan sus vacaciones de primavera para ‘pagar por adelantado’ beneficios a recibir en futuros actos de bondad.
“En vez de buscar el perfecto bronceado de piel o vegetar con videojuegos, 28 estudiantes secundarios usan parte de sus vacaciones jugando a las cartas con ancianos de un geriátrico, levantando basura de lugares públicos, y aprendiendo de primera mano los beneficios de dar.”
(Foto: By Marlin Levison, Star Tribune)
“En vez de buscar el perfecto bronceado de piel o vegetar con videojuegos, 28 estudiantes secundarios usan parte de sus vacaciones jugando a las cartas con ancianos de un geriátrico, levantando basura de lugares públicos, y aprendiendo de primera mano los beneficios de dar.”
Acostumbrado a las noticias diarias y los buitres humanos merodeando la Internet reportándonos constantemente sobre crueldades y actos de violencia sin sentido, ¿no se siente algún alivio en reportes como éste y el que sigue publicado en Glamour?
“Es un día de invierno en San Francisco. Una mujer en un auto Honda rojo, con un montón de regalos de Navidad amontonados en el asiento trasero, se arrima a la caseta de peaje del Bay Bridge: ‘Cobre por favor mi peaje y el de los seis autos detrás de mío,’ dice ella con una sonrisa, entregando siete boletos.
“Uno tras otro, los siguientes seis conductores arriban a la caseta de peaje, dinero en mano, sólo para ser informados que, ‘La señora que estaba adelante de usted ya pagó su peaje. Tenga un buen día."
“La mujer en el Honda, resultó ser, había leído algo en una tarjeta pegada con cinta adhesiva en el refrigerador de un amigo: ‘Practica un acto bondadosos al azar, y haz algo hermoso sin sentido.’ La expresión pareció saltar hacia ella, y la colocó como recordatorio en su auto.”
“Su marido Frank, maestro de escuela, colocó la fraseen la pared a la vista de los alumnos, entre quienes se encontraban la hija de una periodista local. La periodista insertó la frase en el periódico, admitiendo hacerlo porque le había agradado, aunque no sabia de dónde provenía, o si tenia algún significado especial.”
“Días más tarde, escuchó a la niñera de sus hijas repetir la frase, sin precisar de donde la había aprendido.
“La bondad, aparentemente, puede construirse y crecer sobre si misma tanto como la violencia.” (Fuente: Glamour)
La expresión tomo vida propia y comenzó a expandirse en calcomanías de parachoques, en graffiti sobre paredes, en pie de cartas y mensajes de email.
Sin darme cuenta y sin intentarlo, creo que la idea llego a penetrarme subrepticiamente... Mientras extendía el billete para pagar MI peaje, a miles de millas de distancia de la mujer del Honda rojo y mucho tiempo después, en viaje de reunión navideña con mi hija, familiares y amigos, dándome el cambio la empleada me saluda con un "¡que tenga muy felices fiestas!"
Con una mezcla de humor y sarcasmo respondí "¿...que te tiene aquí a esta hora en vez de estar con tu familia?"
"No tengo familia, estoy reemplazando a alguien que si la tiene"me dijo.
Instintivamente y sin reflexionar, escribí la dirección de mi hija detrás de mi tarjeta y se la alcance al tiempo que le preguntaba, "¿A que hora termina tu turno?"
--"A las 23:30..."
--"...entonces te esperamos..."
Dicen que no se puede sonreír sin que uno se alegre un poco--creo que de la misma forma uno no puede realizar un acto bondadoso al azar sin sentir un pequeño alivio de nuestros propios pesares, aunque sea solamente porque el mundo haya mejorado nada mas que un poquitito!
Nuestro Progreso Humano: II. El Precio del Progreso
Para Francis Bacon, el más prominente entre los arquitectos del Renacimiento, la naciente idea del progreso humano estuvo hasta entonces confundida con un pensamiento teológico cautivo en la visión de decadencia de los pensadores clásicos. Liberada de la influencia de los pensadores clásicos, y con el conocimiento empírico en lugar de la especulación metafísica, una nueva visión del hombre se hizo aparente, conquistando la naturaleza para aliviar y mejorar la condición humana.
Tan solo con la anónima innovación tecnológica de la brújula—observó Bacon—se logró avanzar mas que con toda la especulativa filosofía de los antiguos.
No hay duda que con la simplicidad de la brújula pudo expandirse el horizonte de las actividades humanas, y fomentar la industria naviera y el crecimiento económico, pero hay una gran y substancial diferencia entre el hecho observable del progreso económico como resultado del avance tecnológico, y el concepto de progreso humano como un estadio de mayor felicidad y justicia. Esta es una diferencia que tanto Bacon en el siglo XVII como Condolezza Rice en el siglo XXI parecieron ignorar.
El siglo XX no fue propicio para los creyentes en la inevitabilidad histórica del progreso. Entre la primera Guerra Mundial, pasando por el derrumbe de la Unión Soviética y el comunismo, hasta la combinada atrocidad del terrorismo jihadista con la guerra de Irak, el mundo occidental fue conmovido hasta sus raíces por los mas crueles eventos de la historia.
La era del progreso tecnológico Baconiano construyo las armas con las que los nacionalismos, colonialismos, comunismos, y fascismos transformarían Europa, Rusia y Asia en un doloroso y monumental osario; la era del progreso económico de Condolezza Rice construiría las que devastarían África y el Lejano y Medio Oriente.
“Aunque el dogma del progreso ha mantenido un status magistral durante la mayor parte de la historia de occidente—escribió Robert Nisbet en “Historia de la Idea de Progreso” (1980)—“es obvio que ha caído a su mas bajo nivel en este siglo [XX].”
Desde que Nisbet declaró su pronóstico, todo parece indicar que el progreso humano ha continuado en su carrera descendente, aun frente a las masivas protestas que a diario contemplamos en diferentes partes de nuestro mundo, lado a lado con el veloz avance de nuevas tecnologías.
Si creemos que nuestra civilización puede, y debe, avanzar hacia un mejor futuro, entonces el ideal del progreso debe ser reanimado y reconstruido, y ya hay indicios que tal reconstrucción ha comenzado.
Redefining Progress Org. por ejemplo, ha desarrollado un método alternativo al Producto Nacional Bruto para evaluar innovaciones y progreso, al que llamo Genuine Progress Indicator-GPI [Índice de Progreso Genuino], diseñado para medir las cosas de mayor valor para la mayoría de la gente, tales como salud, seguridad, medio ambiente, voluntarismo y educación superior. (Redefining Progress Org. desarrolla políticas de innovación tecnológica orientadas a equilibrar el bienestar económico, la preservación del medio ambiente, y la justicia social.)
El GPI es uno de los primeros instrumentos alternativos al PNB usado por la comunidad científica para evaluar y comparar el avance tecnológico en relación al progreso humano. Como el PNB y el GPI son medidos en términos monetarios, ambos pueden ser comparados en la misma escala, incluyendo:
--Distribución de las Ganancias
--Trabajos domésticos, voluntarismo y educación superior
--Crimen
--Agotamiento de los recursos naturales
--Polución
--Daños ambientales de largo plazo
--Cambios en la disponibilidad de tiempos de esparcimiento
--Gastos de prevención y defensa personal (gastos en servicios médicos, medicinas, seguros, control ambiental, etc.)
--Expectativa de vida útil de artículos de consumo y gasto público
--Dependencia de capitales extranjeros.
Como propone el historiador Ronald Wright, debemos ir mas allá de la fe ciega en la inevitabilidad del progreso para solucionar nuestros males sociales, y poner mas énfasis en el progreso ético. “El mito del progreso nos ha servido bien—especialmente a quienes nos a permitido sentarnos en las mesas mejor servidas—y puede muy bien continuar haciéndolo. Pero yo sostengo que también puede resultarnos peligroso. El progreso tiene una lógica interna que puede transportarnos mas allá de la lógica hacia la catástrofe.” (Ronald Wright en Talk of the Town, The University of British Columbia, Vancouver, BCCanada)
Con el discurso de apertura de Condolezza Rice en Davos frente al escepticismo mundial acerca de su confianza en que los Estados Unidos “continuarán siendo el motor del crecimiento económico” del mundo, reaparece una antigua controversia que ha preocupado por siglos a la mayoría de la gente.
¿Es el progreso humano una realidad, o solo una expresión de deseo?
La idea de “progreso” parece ser central y omnipresente en todas nuestras discusiones y acciones, y todos podríamos, en mi opinión, acordar que “progreso” significa ir hacia delante, avanzar, perfeccionarce. (Del latín Progressus. RAE).Pero, ¿cuanto acuerdo existe sobre el significado de avanzar hacia el perfeccionamiento?A travez de los tiempos ese “avance” hacia la perfeccion ha variado de significado desde un sublime perfeccionamiento espiritual hasta el mas absoluto perfeccionamiento físico y material.
Donde no hay consenso es en laapreciación de progreso, ¿Está la humanidad realmente progresando, o meramente expectante de su ocurrencia? ¿No estará nuestra civilización en franco proceso de regresión
Si el concepto de progreso significa que la civilización ha avanzado y continuará avanzando en el futuro en la dirección deseable, ¿no deberíamos saber con cierta precisión cual es el punto a donde se dirige? En esto también existe consenso, al menos en imaginar nuestro entorno social en un estado de desarrollo donde todos los habitantes puedan gozar de una existencia feliz.
Contrario a la opinión popular, el concepto de progreso es una idea relativamente nueva, y casi exclusiva de la cultura occidental.Hasta donde yo se, no existen indicios que las sociedades primitivas tuviesen idea ni imaginación alguna sobre la estructura de una civilización organizada. Podríamos decir que el hombre primitivo no tenía concepción de progreso o desarrollo en el sentido contemporáneo del término.
Aunque el hombre primitivo no careció de la aptitud para apreciar cambios con el paso del tiempo, el proceso histórico para ellos era no más que un recital de significados sagrados dentro de una percepción cíclica opuesta a la percepción linear del correr del tiempo.Ellos no poseían sensibilidad histórica, ni concepción secular del ideal de progreso social.
Los primeros indicios de la idea de progresose la debemos a los griegos, quienes reconocieron el avance gradual de la humanidad desde su primitivo salvajismo hacia un estado de organización civilizada.Su concepción sin embargo, estaba plagada de dificultades debidas a sus teorías de degeneración y regeneración cíclicas de la raza humana, ellos creían estar viviendo un periodo de inevitable degeneración y decadencia como ya estaba prescripto en la naturaleza del universo.
Así pasa del mundo primitivo a la Edad Media la idea de progreso, transformada por el Cristianismo en un movimiento histórico que aseguraba la felicidad de solo una porción de la humanidad, y no en este mundo, sino en el otro.Recién después demas de trescientos años--atravesando un periodo de inusitado progreso real sin que fuera reconocido como tal--pudo el mundo occidental cambiar su mentalidad medieval por la mentalidad moderna, con el Renacimiento re-estableciendo la confianza en la razón humana y reconociendo que la existencia en este mundo tenia un valor independiente de los temores o esperanzas de vida después de la muerte.
Pero no fue sino hasta los años finales del Renacimiento que el hombre se vio como arquitecto de su destino afirmado su posición en el universo.“Elmundo esta lleno de sabios, maestros, grandes bibliotecas…” escribe Gargantúa a su hijo Pantagruel(1) con un nuevo optimismo renacentista.
De las ideas seminales del Renacimiento evolucionan dos distintivas y radicalmente opuestas ideas de progreso: una con el ideal socialista, y la otra con el ideal liberal.
En el ideario socialista el progreso humano ocurría en un sistema cerrado donde todo esta determinado y el feliz destino final a la vista y al alcance de todos.Allí, el individuo era una pieza mas en una maquina bien lubricada trabajando eficientemente bajo la autoridad del Estado.
En el ideario liberal el hombre progresaba hacia un estado de felicidad con dstino final desconocido, en un ascenso indefinido hacia el futuro, moviéndose a su voluntad y riesgo.
Para el primero el incentivo era la igualdad, para el segundo la libertad.
Ahora, ¿Hemos realmente progresado, o solo hemos estado viviendo una ilusión?
Sigue: Nuestro Progreso Humano--II. El Precio del Progreso.
“El lenguaje esconde y a la vez revela el carácter de los hombres.” --Dionisio Catón
En el mundo de habla española le llaman “lenguaje ambiguo, de términos engañosos”; los italianos le conocen como “acrobazie verbali”; en el idioma Inglés es llamado “doublespeak”.
Pero en todos los idiomas, esta expresión describe el uso del lenguaje con intención de engañar.
El lenguaje ambiguo—llamémosle L.A. que suena mejor que “hablar al pedo con intención de engañar”—de uso corriente en discusiones sobre asuntos políticos, económicos y sociales, es particularmente apto para confundir usando palabras grandilocuentes, referencias improbables, insinuaciones infundadas, y construcciones sintácticas absurdas para ofuscar la comprensión del que escucha—o del que lee en nuestro caso.
Todo charlatán fullero conoce bien—y aprovecha bien—la tendencia del individuo ingenuo y conformista a aceptar sin discusión lo que él supone que su inteligencia debería aprehender.Uno de los primeros sketches del programa Candid Camera (creado por Allen Funt en 1947(1) y replicada en español como Cámara Sorpresa), ilustra esta dinámica con un discursante que sin expresar siquiera una sola frase con sentido, encuentra la aprobación y aplausos de parte de la audiencia.
En una no intencionada parodia de esta ya común estratagema de nuestros modernos charlatanes, el popular “rapero” panameño Rodney Clark El Chombo, ilustra graciosamente esta característica de algunos conocidos discursantes internéticos.
En el discurso L.A., las palabras parecen decir algo importante, pero no se sabe lo que “ese algo” es.
El L.A. es una trampa como la del sastre de la fabula “El traje nuevo del emperador”(2).Suena bastante como buen español, y cuenta para consumar su engaño, con la preocupación que tiene el hombre inseguro de que todo el mundo comprenda lo que se le escapa a él.
Este tipo de declaraciones sin sentido carecen de la sustancia argumental con la que se pueda consentir o disentir.Desde el punto de vista lógico son simples falacias— Ignoratio elenchi; Non sequitur; o Defensa Chewbacca para los entusiastas de la serie animada South Park—que destruyen la validez de cualquier argumento, ya que sus premisas son imposibles de confirmar o desvirtuar. ¿Quién puede—por ejemplo—ofrecer un argumento válido contra un supuesto mandato divino?
La falacia Ignoratio elenchi se comete cuando un razonamiento que se supone dirigido a establecer una conclusión particular es usado para probar una conclusión diferente.
Por ejemplo: Si en un juicio, el fiscal trata de probar la culpabilidad del acusado de asesinato de un niño, pero no a través de pruebas, sino tratando de explicar lo horrible de la muerte de un hijo. De esta manera se tratara de despertar un estado emocional en el jurado, para que se lo culpe por el horror del crimen, y no por si es realmente culpable.
Frente a estos seudo-argumentos uno se enfrenta con el dilema—si es que uno decide responderlo—de considerarlo deshonesto por ignorancia, estupidez, impotencia o designio, porque no existe ninguna otra posibilidad.
____________________________
(1) Actualmente parte de los archivos del Departamento de Psicología de Cornell University.
(2) El Traje Nuevo del Emperador. Por Hans Christian Andersen
Hace de esto muchos años, había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.
No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Emperador está en el vestuario”.
La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.
— ¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes.
Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.
«Me gustaría saber si avanzan con la tela»-, pensó el Emperador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.
«Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él».
El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. «¡Dios nos ampare! -pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas-. ¡Pero si no veo nada!». Sin embargo, no soltó palabra.
Los dos fulleros le rogaron que se acercase le preguntaron si no encontraba magníficos el color y el dibujo. Le señalaban el telar vacío, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. «¡Dios santo! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela».
— ¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó uno de los tejedores.
— ¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.
— Nos da una buena alegría -respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El viejo tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.
Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a su bolsillo, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías.
Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.
— ¿Verdad que es una tela bonita? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.
«Yo no soy tonto -pensó el hombre-, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.
— ¡Es digno de admiración! -dijo al Emperador.
Todos los moradores de la capital hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras, se encaminó a la casa donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.
— ¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos - y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.
«¡Cómo! -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso».
— ¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo-. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.
Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Emperador: - ¡oh, qué bonito! -, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela, en la procesión que debía celebrarse próximamente. - ¡Es preciosa, elegantísima, estupenda! - corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.
El Emperador concedió una condecoración a cada uno de los dos bellacos para que se la prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales.
Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: - ¡Por fin, el vestido está listo!
Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros principales, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:
— Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. - Aquí tenéis el manto... Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, mas precisamente esto es lo bueno de la tela.
— ¡Sí! - asintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.
— ¿Quiere dignarse Vuestra Majestad quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones- para que podamos vestiros el nuevo delante del espejo?
Quitóse el Emperador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y cogiendo al Emperador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.
— ¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaban todos-. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso! - El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle - anunció el maestro de Ceremonias.
— Muy bien, estoy a punto -dijo el Emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? - y volvióse una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.
Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decían: — ¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!-. Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.
— ¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño. - ¡Dios bendito, escuchad la voz de la inocencia! - dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.
—¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!
—¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero. Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.